Spain: Filtrado de contenidos
A la hora de navegar por Internet, los usuarios se encuentran con el problema de seleccionar qué contenidos son seguros y cuáles no. Aunque en muchos casos estas tareas se dejan en manos de los antivirus y los firewall personales, debemos tener en cuenta que no siempre se está alcanzando los niveles de seguridad que realmente deseamos. Hoy en día hay tantos tipos de archivos que pueden resultar peligrosos que no es posible conocerlos todos.
El problema se agrava a la hora de seleccionar qué los archivos adjuntos que lleguen por correo electrónico. Aunque muchos ficheros lleguen de remitentes en los cuales confiamos, siempre queda la duda de qué hacer con ese fichero de extensión extraña que nos han mandado: ¿Será un documento de texto? ¿Es un fichero de vídeo? ¿Es código ejecutable por alguna aplicación extraña?
Para aclarar un poco este panorama, veamos cuáles son los tipos de archivo que deben ser bloqueados, analizados o, por lo menos, tenidos en cuenta a la hora de utilizarlos.
En primer lugar, hay que ser especialmente precavido con los ficheros ejecutables, en cualquiera de sus formas clásicas, sean EXE, COM o BAT. Todos ellos pueden tener cualquier tipo de código dentro, son los formatos directamente ejecutables. Están definidos así desde los primeros tiempos de la informática personal, antes de que IBM lanzara su modelo “PC” en 1981, cuando CP/M era el sistema operativo para los ordenadores personales. CP/M utilizaba siempre como ejecutables ficheros COM, y posteriormente, ya con DOS, se incluyeron los ficheros EXE y los BAT.
Con el avance de los sistemas operativos fueron incluyéndose nuevos tipos de ficheros con capacidad de lanzar código ejecutable, aunque por sí mismos no tuvieran capacidad de ejecutarse. Son, por ejemplo, los ficheros PIF (Program Information File) desarrollados para Windows (ya desde sus primeras versiones), que describían la manera de ejecutar un fichero. En ellos iban parámetros especiales, tales como la cantidad de memoria a emplear, el directorio a utilizar, cómo manejar la pantalla, etc.
El posterior desarrollo de los sistemas operativos y de las técnicas de programación llevaron consigo la aparición de ficheros con código ejecutable en otros formatos, como los ficheros OVR, OVL y, en la actualidad, DLL. Aunque no son ejecutables directamente, los módulos principales de los programas (los ficheros EXE) los cargan en memoria y acuden a ellos en determinados momentos.
Para facilitar el uso de los ordenadores personales, los ficheros con datos que no son ejecutables pasaron a tener un comportamiento especial. Se les asocia con una determinada aplicación de manera que a la hora de consultar esos datos se abra automáticamente la aplicación que los generó. Así, por ejemplo, si en Windows hacemos doble clic sobre un fichero que no es ejecutable, como puede ser un fichero BMP, Windows reconoce su extensión como asociada a un programa, normalmente Paint, y lo abre junto con los datos cargados.
En el ejemplo anterior, un fichero BMP no contiene más que información, por lo que no puede llegar a ser peligroso, pero hay otros ficheros con datos que sí pueden ser peligrosos al abrirlos junto con el programa asociado. Es el caso de los ficheros con macros, como los DOC de Word, XLS de Excel, etc.
Filtrado de páginas web
Otro importante aspecto de los filtros reside no ya en los ficheros que recibimos o descargamos, sino en el contenido de la página web que estamos visitando. En Internet existe tal cantidad de tipos de páginas distintas que es completamente imposible para un usuario implementar algún tipo de filtro en la navegación.
En este momento, muchos lectores se preguntarán por la necesidad de implementar limitaciones a la navegación. Las razones son muchas, fundamentalmente para evitar que otras personas no vean desde nuestro ordenador páginas web que no queremos que vean. Este filtrado es especialmente necesario a la hora de dejar que niños y jóvenes estén conectados sin una vigilancia constante.
Aunque lo parezca, no estoy abogando por la censura, sino simplemente por un control de las páginas que pueda ver un niño. Por ejemplo, no creo que a ningún padre en su sano juicio le interese que su hijo pequeño pueda recrearse con fotos sobre atentados terroristas en las que pueden aparecer cadáveres destrozados, o que un adolescente entre en páginas con ideologías nazis o que hagan apología de la violencia.
Para evitar estos peligros, hay muchas páginas web que ya se encuentran catalogadas, y antes de acceder a ellas es posible verificar si su contenido es adecuado o no según unos criterios establecidos. Por ejemplo, podemos evitar la entrada a páginas web que tengan muertes, violencia extrema o sexo explícito. Para ello, evidentemente, es necesario contar con un programa que lleve a cabo el control de las páginas y evite el acceso a las no autorizadas.
