Spain: Filtrar el mar
Por si pudiera quedar alguna duda, aclaro desde el principio cuál es el objetivo de esta columna: sugerirles que instalen un filtro de contenidos en el ordenador (o en cualquier otro dispositivo con el que se conecten a Internet: teléfono móvil, consola portátil, PDA, etc.). Sinceramente, me preocupa que en muy pocos hogares se invierta un puñado de euros para evitar que la inmensa mayoría de las páginas web con contenidos nocivos aparezcan en nuestra pantalla o en la de nuestros hijos.
Ya sé que hay personas a las que esta sugerencia les parecerá antipedagógica. Son aquellas que abogan por la mal llamada “educación en libertad”, esas que optan por no poner límites a la curiosidad de los niños; las que dicen que el niño debe experimentarlo todo para descubrir lo bueno y lo malo y elegir en consecuencia; las que alegan, en fin, cualquiera de esos otros tópicos que se han instalado en el discurso psicopedagógico actual. Lo paradójico es que, siguiendo dicha corriente permisiva, nadie nos aconseja que dejemos a los niños jugar al borde de una autopista o gatear por su asfalto.
He leído también que “nadar juntos es mejor idea que filtrar el mar”, bonita metáfora de esa solución ideal que evitaría instalar filtro alguno: que los padres acompañen a sus hijos en sus salidas por el ciberespacio y les vayan diciendo lo que está bien o mal. Pero lo ideal y lo real no siempre coinciden, y en esas excepciones se esconden situaciones de evidente peligro para los menores.
A mí me gusta más nadar en un mar filtrado, algunas veces acompañado otras en solitario. Para justificar este convencimiento les voy a poner una analogía, también con el mar como protagonista. Las playas de San Sebastián de vez en cuando sufren una plaga de medusas. Las picaduras de este animal son realmente dolorosas; incluso, dependiendo de la especie, pueden producir la muerte (para que se hagan una idea, los griegos creían que la medusa era una divinidad cuyos cabellos fueron convertidos en serpientes, capaces de petrificar a quienes los miraban). Cuando se detectan medusas en la costa vasca, pequeños barcos recorren la bahía de La Concha arrastrando redes que filtran el agua del mar y retienen un alto porcentaje de estos “peligrosos” cnidarios, evitando que puedan amargar el día a algún bañista despistado.
No me negarán que hay un extraordinario paralelismo entre las medusas y los contenidos nocivos en Internet. Y es que aunque acompañemos a nuestros hijos cuando chapoteen en el cantábrico (o en cualquier mar), por su seguridad –y por la nuestra- es mejor que el agua haya sido previamente filtrada.
Fernando García
Civertice
